El problema de la leche
El problema de la proteína láctea
La sabiduría que subyace tras el diseño del ser humano hace que el bebé sea capaz de asimilar completamente las caseínas de la leche materna. Somos nosotros los que, desvirtuando lo que la naturaleza manda, pretendemos que el bebé tenga que asimilar lo que no es posible, o al menos totalmente, ya que la proteína de la leche animal pasa al intestino delgado digerida de forma parcial, debido a que la propia leche neutraliza los ácidos gástricos necesarios para su disgregación.
Este problema se complica en la edad adulta, ya que, con el paso del tiempo, los niveles de renina gástrica, a enzima necesaria para la ruptura de las moléculas de caseína, disminuyen considerablemente.
El problema de la grasa de la leche
La leche y sus derivados contienen ácido araquidónico el cual contiene gran cantidad de colesterol. Una sola taza de leche entera tiene 34 mg de colesterol, mientras que una loncha de bacón, sólo 3 Mg.". No debemos dejarnos engañar por el argumento comercial de "desnatado", ya que incluso la leche desnatada contiene importantes cantidades de grasas.
El problema de las hormonas de la leche
Cada vez que tomamos un vaso de leche estamos ingiriendo hormonas pituitarias, esteroideas, pancreáticas, tiroideas, adrenales, sexuales, etc. Éstas son hormonas necesarias para el ternero lactante, pero pueden producir alteraciones serias a un "género" diferente que las consuma. Claro ejemplo de esto es la IGF-I, hormona de crecimiento presente en la leche.
El problema de la lactosa de la leche
Este disacárido es hidrolizado por la lactasa, enzima que va desapareciendo con el transcurso del tiempo. En la edad adulta es muy frecuente la insuficiencia de lactasa, y, como consecuencia, la lactosa no hidrolizada se acumula en el intestino grueso, provocando malas fermentaciones y putrefacciones. La lactosa, además, aumenta las reacciones alérgicas provocadas por las caseínas y la asimilación de nocivos metales pesados.
El problema de la manipulación de la leche
La leche pasteurizada destruye microorganismos indeseables, pero también ciertas vitaminas y enzimas necesarias para la digestión de la proteína láctea. Por otro lado, la pasteurización no impide completamente la reproducción de microorganismos "omnipresentes" en la leche que, en tan sólo un día y medio, se duplican en cantidad, una vez abierto el envase.
El problema del calcio de la leche
No debemos olvidar que "nos nutrimos de lo que asimilamos y no de lo que comemos". Es cierto que la leche contiene grandes cantidades de calcio, pero curiosamente es en los países occidentales, grandes consumidores de lácteos, donde existe una incidencia mayor de osteoporosis, indudablemente mayor que en países orientales como China, donde el consumo de leche animal es casi simbólico. Estudios epidemiológicos realizados en China y en los Ángeles indican que la leche animal no sólo no calcifica, sino que desmineraliza.
Se apuntan dos factores, entre otros, que pueden estar implicados: primero, la acidez transitoria provocada por la ingestión de proteínas lácteas puede inducir al organismo a recurrir a sales básicas del hueso para regular su Ph. Segundo, la asimilación de calcio es favorable cuando se ingiere en proporción de 2:1 con respecto al fósforo y al magnesio, y los lácteos presentan niveles demasiado altos de fósforo y demasiado bajos de magnesio.
El problema de los tóxicos "naturales" de la leche
En la leche de cualquier mamífero podemos encontrar pesticidas, antibióticos, productos químicos, hormonas, glóbulos blancos (vulgarmente llamados " pus”) procedentes de las mastitis, e incluso, en algunos casos, virus y bacterias de enfermedades típicas del ganado.
El problema de los antibióticos de la leche
A los animales enfermos con mastitis se les inyectan dosis de 20.000 a 50.000 unidades de penicilina. La leche del primer ordeño de estos animales contiene de 1.000 a 10.000 unidades de penicilina por litro. Si esta leche la toman los lactantes, puede generar antibiorresistencia, que supondrá futuras complicaciones en el tratamiento de infecciones.
El problema de los pesticidas de la leche
Las primeras investigaciones sobre la presencia de pesticidas en la leche se realizaron en Francia, en los años 60, poniendo en evidencia la importancia del hexaclorociclohexano (HCH) en la contaminación de la leche y de los productos lácteos. La exposición a este tóxico se produce por alguna de estas vías: tratamiento de establos y locales de almacenamiento, alimentación de los animales y usos terapéuticos en los animales.
El problema del calentamiento de la leche.
Una pasteurización a 80ºC durante 1 minuto desnaturaliza el 20% de las proteínas; un calentamiento UHT durante 1 a 2 minutos a 145º C desnaturaliza el 60% y un calentamiento a 80º C durante 30 minutos desnaturaliza el 90%.
Conclusion
No sólo no se nos caerán los dientes, ni se nos romperán los huesos, si no tomamos leche, sino que seguramente los tendremos más fuertes que aquellos que se jactan de "consumir la leche como si fuera agua". Evitaremos problemas respiratorios, dermatológicos y un desgaste innecesario en nuestro sistema inmunológico.




