por FLFH » Jue Mar 11, 2010 1:13 pm
CAPÍTULO 2
HISTORIA DE LAS DIETAS PARA EL FISICOCULTURISMO – LOS CARBOHIDRATOS Y EL FISICOCULTURISTA
No sorprende que los estudiantes de Antropología y de Historia Mundial hayan tenido algunas preguntas serias que hacer sobre el Gran Susto de la Grasa de finales del Siglo XX. Una mirada a las tribus esquimales habitantes de nórdicas latitudes en la tierra, desde Groenlandia a través de Canadá hasta Asia, muestran muchos ejemplos de gente que ha existido a base de dietas altas en grasas con relativamente poca incidencia de arteriosclerosis y enfermedades cardíacas.
Por ejemplo, los esquimales de Groenlandia se han alimentado a base de una dieta alta en grasas que consiste básicamente de mantequilla, queso, carne y pescado durante la mayor parte de us historia. De hecho, la renta de la tierra en algunos lugares era pagada con mantequilla. Todavía ninguno a caído redondo camino al propietario. Las enfermedades cardíacas fueron por mucho tiempo desconocidas hasta que la dieta cambió a causa del impacto de la cultura occidental en las décadas recientes.
En Canadá y Alaska se observa una situación similar. De hecho, la dieta alta en grasas y la relativa buena salud de los esquimales norteamericanos han sido fuente de investigaciones focalizadas en los posibles beneficios sobre la salud del aceite de pescado que se discutirá luego en este libro.
En Finlandia, hoy en día, los fineses todavía comen una dieta que incluye altos niveles de carne, ternera, cerdo y salchichas. El reno ahumado es una exquisitez. La mantequilla y la leche son libremente ingeridas. Al igual que sus vecinos “de encima” también comen mucho pescado. Todavía, a pesar de toda esta grasa, las enfermedades coronarias no tienen ni remotamente la fuerza que tienen en los EE.UU.
Luego tenemos la “Paradoja francesa” que ha tenido mucha atención en años recientes. Los franceses están muy orgullosos de su cocina gourmet con mantequilla, queso, jamón, tocineta, salchichas y otros alimentos predominantemente grasos de su variada dieta. Todavía, a pesar de toda esta grasa, los franceses, de algún modo también, han evitado la diseminación de problemas cardiovasculares que sí existen en los EE.UU. Dado que esto contradice totalmente el enfoque prevaleciente contra la dieta a base de grasa en EE.UU., ha habido un clamor para descubrir justamente lo que protege a los franceses “comedores de grasa” de las enfermedades cardíacas.
Mucha atención se le ha dado a los reportes que indican que los componentes fenólicos del vino tinto que los franceses aman es el responsable de la llamada “paradoja”. Yo creo que es más probable que la dieta baja en hidratos de carbono es la responsable. Hay muchísimos menos azúcares refinados en la dieta francesa, mientras el azúcar está en virtualmente todo de este lado del Atlántico. De hecho, el consumo de carbohidratos refinados de los americanos es cinco veces mayor que el de los franceses.
Es difícil hacer seguimiento a todos los factores involucrados en las variaciones de salud culturales, pero es probable que las diferencias en el consumo de carbohidratos juegue un rol mucho más importante de lo que se había sospechado previamente. Es más, podrías estar seguro de que el “lobby” anti-grasa continuará buscando alternativas a lo obvio en un intento por justificar sus prejuicios contra la grasa.
La dieta americana
La relación amorosa de los americanos con los carbohidratos refinados comenzó a principios del Siglo XX. Las bebidas de “cola” comenzaron el movimiento (nosotros éramos grandes bebedores de agua antes de esto). La harina blanca refinada y los productos de azúcar que hoy en día dominan nuestra dieta fueron sólo introducidos en los primeros años del siglo. Antes de eso, el azúcar era prohibitivamente costoso para la mayoría de la gente. Interesantemente, las enfermedades cardíacas eran virtualmente desconocidas en secciones de nuestra sociedad antes de este tiempo.
Mucho se ha hecho también por los incrementos en la esperanza de vida durante este siglo. La esperanza de vida a principios de siglo era sólo de 50 años, pero se ha incrementado más de 20 años desde entonces. Muchos han adjudicado esto a las mejoras en la dieta y en el estilo de vida, pero frecuentemente es olvidado que la incidencia de muertes entre los ciudadanos menores de 16 años ha caído dramáticamente durante el siglo. Un programa nacional de vacunaciones para enfermedades, avances médicos y cuidados pediátricos y neonatales han hecho disminuir grandemente la tasa de defunción de niños al nacimiento y hasta la adolescencia. Cuando se toman estos valores en cuenta y se unen a los avances en la medicina para adultos los incrementos en los promedios de vida no son tan sobresalientes.
La realidad es que estamos fuera de forma como sociedad y ni siquiera estamos cerca de lo saludables que muchos quisieran que creyeras. El nacimiento de la TV, un estilo de vida sedentario creciente, los avances tecnológicos, la economía de servicios, falta de ejercicio y otros cambios en el modo en que vivimos se han combinado para producir un sociedad con una verdadera crisis de su forma física (fitness).
Yo creo que nuestra dieta del Siglo XX repleta de carbohidratos también ha jugado un gran rol aquí. Como se discute más abajo, la respuesta crónica de la insulina que recibimos cuando nos metemos todos esos hidratos de carbono incrementa grandemente los depósitos de grasa corporal. Resultados: obesidad, y no hay duda de que la obesidad juega un rol importante en las enfermedades cardíacas. Crónicamente, el consumo de grandes cantidades de carbohidratos puede también hacer decrecer la motivación y la disposición general, como discutiremos luego, y esto podría tener un efecto general sobre los ejercicios y los hábitos de vida.
Pero en vez de caer en la trampa de los carbohidratos y dejarlos llevarse lo mejor de nosotros, usemos los carbohidratos para nuestros propósitos en la Dieta Anabólica. Poniendo en agenda y manipulando su lugar en nuestra dieta, cronometramos las liberaciones hormonales para obtener un efecto positivo en el crecimiento muscular y formación de aminoácidos. Entonces, antes de que esas hormonas puedan crear problemas de grasa corporal, las cortamos. Es muy simple. Pero también muy efectivo.
El cáncer y la dieta
Como si no fuera suficientemente mala la responsabilidad de que las enfermedades cardíacas descansen en el umbral de una dieta alta en grasas, la grasa se ha vuelto también el primer sospechoso en el cáncer de colon, pecho y próstata. Hay incluso menos validaciones sobre estas acusaciones que sobre su vinculación a las enfermedades coronarias.
De hecho, varios estudios han arrojado dudas sobre la asociación entre el cáncer y el consumo de grasa. Recientes investigaciones sobre el cáncer de colon descubrieron que no hay vinculación entre el consumo de carnes rojas o grasas saturadas con el sexo o con el cáncer. Otro descubrió que la existencia de la evidencia que vincula la grasa y el cáncer de próstata no concluyentes. Así, muchos estudios de cáncer de pecho e ingesta de grasa han demostrado pequeños soportes que los vinculen. Así como muchos estudios de cáncer de mama e ingesta de grasas ha demostrado un pequeño soporte para una conexión.
Recientes estudios en animales indican que podría ser la ingesta calórica total y no la grasa de la dieta la que es causa del cáncer de mama. El desarrollo de tumores pareciera depender de una compleja interacción entre la ingesta energética (calorías), gasto de energía (ejercicio), energía retenida por el cuerpo (grasa corporal vs. masa corporal magra) y tamaño del cuerpo. De hecho, un estudio muestra que la grasa puede realmente reducir el crecimiento de tumores.
Otros estudios han señalado directamente a la grasa corporal y al peso total, y no la grasa de la dieta, como principales contribuyentes del cáncer de próstata y de mama. Con la dieta alta en carbohidratos, que deja mucha más grasa que la dieta alta en grasas, debemos ser más sabios y comenzar algún estudio sobre cómo la dieta alta en carbohidratos se vincula con el cáncer en vez de echarle tanto la culpa a la grasa de la dieta.