SOMOS LO QUE COMEMOS

Lo que un hobre serà, comienza veinte años antes de que nazca.
NAPOLEON BONAPARTE.

En los años cuarenta del siglo XX, el doctor Francis M. Pottenger llevò a cabo un estudio sobre nutriciòn de lo màs interesante, y que a causa de sus resultados se volviò un clàsico. Pottenger y sus colaboradores se proponìan averiguar los efectos de la mala nutriciòn no sòlo sobre los individuos en sì, sino tambièn sobre su descendencia a travès de varias generaciones. Para ello se dividiò a una colonia de gatos en tres grupos, a los que se denominò A,B y C. Al primero se le administrò una alimnetaciòn no procesada en la que predominaban la carne y la leche crudas enriquecida con aceite de hìgado de bacalao. Todo fue bien generaciòn tras generaciòn. Cuando al grupo B se le administrò el mismo tipo de alimentaciòn pero previamente cocinada, comenzaron a desmejorar. En las siguientes dos generaciones los gatos presentaron erupciones cutàneas, alergias, debilitamiento òseo, artritis, problemas digestivos, infecciones repetidas, pèrdida de pelo y otros achaques. El grupo C recibiò una alimentaciòn consistente en forma exclusiva de alimentos procesados como carnes frìas, leche condensada y golosinas adicionadas con aditivos. Estos gatos tambièn se vieron afectados en su salud, pero de manera màs ràpida y profunda. A los pocos meses comenzaron a presentar males muy semejantes a los del hombre moderno: trastornos circulatorios, colesterol elevado, diabetes, males cardìacos, trastornos renales, mayor susceptibilidad a las infecciones y al càncer, disminuciòn del apetito sexual e incluso esterilidad.

SOMOS LO QUE COMEMOS.
A partir de la segunda generaciòn, los problemas de salud se recrudecieron. La incidencia de defectos congènitos, aborto espontàneo y mortinato(cuando el bebè nace muerto) se disparò; la tasa de abortos, por ejemplo, alcanzò un escandaloso 70%. Los gatos de la tercera generaciòn nacìan en un estado tan lastimoso que no sobrevivieron màs de seis meses. Y que bueno, porque aparte de enfermos y achacasos, presentaban un aspecto enfermizo y repulsivo; igualmente repulsiva era la conducta de algunos de ellos, que se volvieron muy irritables, agresivos y antisociales. Entre los machos habìa asesinos y violadores; y entre las hembras , canibalismo hacia sus crìas. Su aspecto y comportamiento era contrastante con los descendientes del grupo A. Entre estos ùltimos la incidencia de males degenarativos habìa permanecido mìnima, tal y como ocurre con los felinos que viven en libertad. No tenian problemas reproductivos y sus camadas eran razonablemente saludables. Su comportamiento social y sexual no habìa sufrido cambios.
Hasta aquì el experimento habìa marchado bien; no sòlo se habìa demostrado la superioridad de una alimentaciòn basada en comestibles y bebidas integrales, sino su benèfica influencia sobre las generaciones posteriores , pero puede parecer una crueldad el terrible estado fìsico de los gatos de los grupos B y C, especialmente este ùltimo. El doctor Pottenger pensò lo mismo, y llegada esa etapa, les cambiò la alimentaciòn. Todos recibieron la dieta que desde un principio habìan seguido los gatos del grupo A . La decisiòn no solo resultò humanitaria, sino totalmente acertada desde el punto de vista cientìfico, porque el cambio alimentario se tradujo en una asombrosa mejorìa fìsica. Muchos de los trastornos comenzaron a remitir, el pelo dejò de caèrseles y su aspecto mejorò bastante. Esto fue particularmente apreciable a partir de la segunda generaciòn posterior al cambio, pero mucho màs en las siguientes. ¡ Tuvieron que transcurrir tres o cuatro generacioes para que los gatos del grupo C estuvieran saludables como los del grupo A!.

LA QUINTA GENERACION.

aunque sorprendentes por los marcados, estos resultados no fueron tan inesperados para Pottenger y su equipo. A travès de la historia han quedado demostrados repetidas veces los efectos de la alimentaciòn de los progenitores en la salud y bienestar de su descendencia. Tomemos por ejemplo a las proteìnas: la mayor parte del ser humano està constituido por ellas: si la madre gestante no satisface el requerimiento mìnimo diario de proteìnas, tanto en cantidad como en calidad, habrà problemas. Para el bebè puede significar desde bajo peso al nacer, hasta retraso mental. Para la mamà, desde edema hasta la toxemia del embarazo, pasando por el estreñimiento y la mala cicatrizaciòn de una cesàrea. ¡Cuantas posibles complicaciones, y apenas por la deficiencia de un solo nutriente!, pero asì es, y cuando las carencias son mùltiples, las complicaciones se disparan; en cambio, cuando la gestante està satisfaciendo sus necesidades nutricionales y evita deliberadamente los alimentos saturados de aditivos quìmicos, con toda seguridad permanecerà saludable, y el producto estarà libre de trastornos y malformaciones. Algunas de las màs comunes, como el labio leporino, el paladar hendido y la espina bìfida pueden ser prevenidas aseguràndose de recibir suficientes vitaminas del complejo B(ESPECIALMENTE ACIDO FOLICO).
En este aspecto los beneficios de la buena nutriciòn son insospechados. Aun la incidencia de defectos congènitos que normalmente se consideran inevitables, como el sìndrome de Down, podrìa reducirse alimentàndose mejor. De acuerdo a recientes investigaciones, cuando se recibe suficiente vitamina B6, la frecuencia de este sìndrome disminuye, aun en mujeres propensas. Como puede apreciarse, los resultados obtenidos por Pottenger con gatos, tambièn resultan aplicables en los seres humanos. Una alimentaciòn desordenada y empobrecida puede verse reflejada en el estado fìsico de nuestros hijos y nietos. L o peor de todo, es que debido a que el cambio alimentario de la humanidad comenzò con el siglo XX, actualmente nos encontramos en la cuarta o quinta generaciòn que subsiste con comida procesada. Por tanto, no es casualidad que nos estèn diezmando los mismos males crònicos-degenerativos que casi acaban con los gatos Pottenger.

Del libro Comiendo con el enemigo.

saludos Jesùs Flores.