THG

Que conocen de la THG (tetrahydrogestrinona)?

Bueno como veo que nadie sabe ahi les va:

La llamada del THG
Por Joel García
Cuando aquel jueves de junio de 2003 sonó el teléfono en la Agencia Antidopaje Estadounidense (USADA) nadie imaginó la primicia que escucharían: un supuesto entrenador de atletismo informaba, sin revelar identidad ni fuentes, que algunos atletas de ese país ingerían un nuevo esteroide anabolizante.
Para más pruebas, dijo los nombres de los atletas, y días después envió la jeringa con una muestra de la oculta sustancia. Así comenzó la historia del último escándalo en materia de dopaje en el planeta. El titular de la USADA, Ferry Madden, confirmó, dos semanas después, la aparición oficial de la tetrahidrogestrinona (THG), producto descubierto durante el análisis del contenido de la jeringa.
Los hechos de un escándalo

La investigación se expandió a finales de año a otros deportes en Estados Unidos, y todo apuntó a dopaje intencional de la peor calaña. Las primeras confusiones —y alguna que otra justificación— de los exámenes llegaron con la posibilidad de ser la THG un suplemento alimenticio y no una droga. El presidente de una compañía norteamericana fue enfático: esto es una conspiración que involucra a farmacéuticos, entrenadores y atletas.
Y la ciencia siguió hurgando. El laboratorio de la universidad californiana de UCLA, avalado por el Comité Olímpico Internacional (COI), identificó al esteroide sintético, parecido a productos como la gestrinoma y la trembolona, que figuran en la lista de sustancias prohibidas del COI y son indetectables en los controles clásicos.

Se precisó hasta la forma de ingerirlo, sublingual (dos o tres gotas), y que su efecto puede durar meses, aunque su detección en el cuerpo solo puede verificarse entre tres y cinco días luego de ser tomado. Sin embargo, la procedencia de la THG la dio la misma persona de la denuncia telefónica, al asegurar que todo había venido del fundador de un laboratorio que asesora y entrega suplementos nutricionales a los deportistas en esa nación. Más claro: de Víctor Conte y su laboratorio BALCO.

¿Quién es el supuesto tramposo Víctor Conte? Un hombre de mucho prestigio, dinero y fama, que entre su lista de clientes figuran celebridades del músculo como el toletero Barry Bonds y las corredoras Marion Jones y Kelli White.

Los hechos demuestran que una importante red de dopaje resultó desnudada misteriosamente por una llamada anónima. El ejemplo más escandalizado por la prensa fue el del campeón europeo de los 100 metros, el británico Dwain Chambers, quien negó haber tomado la sustancia deliberadamente tras dar positivo su examen, y en febrero pasado recibió la suspensión de dos años. Además, otros 40 deportistas de primer nivel, cuyas identidades se revelan a cuenta gotas, están involucradas en el timado juego de la THG.
Detrás del telón quedan cosas

Por supuesto, detrás de lo contado hay consideraciones claves. Como ya se probó, la THG es un esteroide anabolizante diseñado específicamente para no ser detectado en las pruebas de orina tradicionales. Sin embargo, se ha utilizado con receta médica para contrarrestar enfermedades que atrofian los músculos, de ahí que algunos atletas lo ingieran para incrementar su poder físico de forma artificial.

La furia ha sido desatada en el atletismo sobre todo después del campeonato mundial de París en el verano de 2003, pero es imposible pensar que escapen del problema otras decenas de disciplinas olímpicas. El reiterado slogan de que los nombres serán dados a conocer en algún momento encierra mucha similitud con el caso de Carl Lewis, a quien la federación estadounidense le detectó doping en los años 80, y solo se supo en el inicio del siglo XXI, tras su retiro oficial.

El uso ilegal del THG está asociado también a entrenadores y federativos, pues la complicidad de estos con las empresas y transnacionales más diversas crece desesperadamente para rellenar aún más sus bolsillos de dinero. «Si se comprueba que impulsan el consumo de drogas o sustancias no autorizadas, habrá que pensar en demandar también a los entrenadores por doping», advirtió el secretario general de la Federación Internacional de Atletismo, Istvan Gyulai.

Y mientras el resto de las federaciones deportivas revisa sus últimos controles y especula acerca de cómo cortar el nuevo fenómeno, la llamada del THG lanza las primeras señales acerca de la posibilidad de un doping genético, e incluso del abuso de la insulina para incrementar el rendimiento. «Existe un gen que puede controlar el crecimiento del músculo», advirtió recientemente el bioquímico alemán Wilhelm Schaenzer.

¿Quién podrá controlar la trampa en el deporte? ¿Habrá siempre llamadas anónimas como la del THG? ¿Cuántos intereses sostendrán el silencio del doping? ¿Dónde quedará el placer sano de la actividad física, ese que mueve a cientos de miles de personas desde hace miles de años?