Training para el viajero

Training para el viajero

Si tu trabajo te obliga a saltar de avión en avión, te damos un par de recomendaciones para que puedas mantenerte en forma

El trabajo en sí mismo suele ser estresante. El cúmulo de responsabilidades se traslada con nosotros a donde sea que vayamos y, si nuestro trabajo implica viajes, además de las obligaciones de rutina se suma el ajetreo de subir y bajar de los aviones, movilizarse por los aeropuertos, no perder el vuelo, instalarse en el hotel y todas aquellas vicisitudes con las que debe convivir cualquier trotamundos.
Por eso en fundamental no perder la rutina que se lleva en nuestro hogar dulce hogar. Para combatir el estrés, despejar la cabeza y mantener el estado físico es fundamental no relegar la actividad física aún cuando viajamos. En primer término, es importante disfrutar de lo que hacés. Hay que buscar un equilibrio moderado y razonable entre la salud física y la estética corporal, considerando lo que decía Buda: “La mente domina al cuerpo, y es éste último el tronco que sostiene la misma”. Por lo tanto “Todo es exitoso, en la medida que nuestra mente lo asimile como tal”, y por ende en principio debés estar convencido que sirve lo que hacés, ya sea el entrenamiento, lo que comés, tu trabajo, elecciones de vida, o cualquier otra cosa que te propongas hacer.
En lo que hace a la parte física, cuando viajar es una gran parte de tu trabajo es importante planificar el entrenamiento a realizar. En este marco, tené en cuenta el tipo de hoteles en los que te hospedás, sobre todo si cuenta con gimnasio y cuán equipado está.
Una rutina completa
Se comienza con estiramientos iniciales, entradas en calor, ejercicios aeróbicos con incrementos de esfuerzos paulatinos, luego ejercicios localizados básicos de los principales grupos musculares, con cargas o pesitas, o bien en colchonetas, haciendo abdominales, y trabajos de fuerza de los grupos musculares mayores, como ser los de la espalda, pecho, brazos y piernas.
Lo ideal es realizar trabajos básicos, como por ejemplo ejercicios aeróbicos, por intervalos de una hora promedio. Cinta, bicicleta, remo o escalador sirven, y si contamos con todos ellos entonces utilizarlos en forma intercalada. Lo ideal sería quemar un promedio de 600 a 800 calorías por entrenamiento.
Fundamental: hidratación en todo momento. En el avión, en la oficina, en el hotel y durante al training. Entre 3 y 4 litros de agua por día evita deshidrataciones, calambres u otros trastornos, y es una sana manera de limpiar el organismo. Otras bebidas como las energéticas y las que reponen sales minerales son recomendables durante y después de los entrenamientos.
Cuando no se cuenta con gimnasio donde te hospedás, tratá de averiguar dónde está la plaza más cercana para cambiar los aparatos por los espacios abiertos. Luego de la jornada laboral y antes de la ducha para ir a cenar, practicar una rutina de alto y eficaz rendimiento es una buena opción.
Al inicio del día es bueno caminar y hacer trotes cortos para energizarte para el resto del día. Si podés, para hacerlo más integral, incorporá una sesión de abdominales. Unas 100 contracciones diarias son suficientes para conservarlos en buen estado.
La indumentaria debe ser lo más cómoda posible. Sin prejuicio de ello, depende de la época del año que se trate y de cada persona. Hay quienes se inclinan por abrigarse más de lo normal. En ese caso, la hidratación no es un consejo, sino una obligación.

El común denominador
Los oficinistas entre 30 y 50 años dicen que hacen deportes o actividades físicas yendo sólo los viernes a jugar al fútbol, paddle u otros, exponiéndose a altas probabilidades de lesiones físicas visibles (en rodillas por ejemplo), u ocultas (por ejemplo en el caso de las cardíacas).
Es fundamental comprender que el deporte es más agresivo que un entrenamiento en el gimnasio, por lo que si se quiere practicar alguno es importante acondicionar el cuerpo para prevenir lesiones. Por ello viene bien aprovechar la rutina de los viajes y el tiempo libre que nos queda. Si bien se pierde tiempo volando, cuando la jornada laboral concluye no están tus amigos o familiares para “entretenerte”, por lo cual el tiempo “after-office” se puede invertir cómodamente en el gimnasio del hotel.
La alimentación
Cualquier buen deportista debe comer moderadamente de todo, en cantidades adecuadas, de acuerdo al sexo, edad, nivel de entrenamiento que realicen y el peso corporal y contextura que posean.
La clave del éxito de un entrenamiento está en dosificar eficientemente el nivel necesario de descanso, el grado de entrenamiento y la alimentación adecuada. Estos tres elementos son los pilares de una planificación que lleva a buen puerto y no debe descuidarse ninguno en Argentina o en cualquier parte del mundo que estés visitando.
Una buena alimentación y una dieta equilibrada no sólo aportan la adecuada cantidad de alimentos esenciales, sino que además satisfacen las exigencias individuales en cuanto al hecho nutricional, preferencias y costumbres.
Es sabido que los hoteles brindan los tentadores desayunos continentales que incluyen de todo: desde tostadas de pan integral a panceta frita y huevos revueltos. Para no desbandarse, aunque se esté en un hotel hay que comer como en casa: bien sano, evitando las comidas que sobrecarguen al organismo y hacen pesada la digestión.
Pero ojo, tampoco es cuestión es sacrificarse 365 días al año. Las licencias son válidas y así lo sugieren los buenos profesionales en nutrición. Uno mismo debe ser consciente que cuando se excede, simplemente se debe compensar con un poquito más de esfuerzo, pero si, premiarse con los logros obtenidos.
Generalmente las rutinas aeróbicas y de ejercicios localizados suelen ser de alto consumo calórico, por ende la alimentación debe ser buena, completa y variada (proteínas y carbohidratos). Para rendir física y mentalmente en la oficina, es fundamental manejar los alimentos de más a menos a lo largo del día: un muy buen desayuno, medio almuerzo, almuerzo como reyes, meriendas e infusiones de tarde como príncipes y cenas como mendigos para evitar acumular calorías sin poderlas consumir por la falta de desgaste nocturno.

Asesoramiento: Profesor Jorge Dolarea